El problema de la droga (3)

# F. J. Villatoro #

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El problema de la droga (3)

fotoEn uno de los locales visitados, el consumo es tan evidente que es frecuente ver a gente agachada, mechero en mano, buscando alguna que se les ha perdido. "¡Qué fuerte --contaba Ana--, se me ha caído una blanca y he encontrado una verde". Otro amigo, Javier, cuenta que el fin de semana pasado sólo tuvo que hacer una llamada para conseguir 300. "Montábamos una fiesta y nos las dejaron a tres euros", recuerda. Lleva nueve de sus 26 años tomando y asegura que son "menos guarras que el alcohol". "Sale más barato animarse así que con copas, y no te da sueño ni bajones. Hay que consumir lo justo, y con cuidado". Cerca de una barra, un pequeño grupo practica el consabido ritual: convertir una pastilla en cuartitos y repartirla entre los amigos. El colocón sube más lentamente, sin peligro, y cada uno aumenta la dosis según su necesidad. "Otra diferencia de las pastillas respecto al alcohol", dice Javier "es que su rastro es apenas detectable", una baza para los adolescentes que deben someter su aliento al examen paterno tras una noche de juerga.