
Actuaba normalmente a cara descubierta. Primero elegía a la víctima, a la que vigilaba para conocer sus hábitos y horarios. Por lo general llegaba a las viviendas ataviado con un mono azul y se identificaba como fontanero. Tras explicar a la víctima que había sido avisado por la comunidad, estudiaba concienzudamente la vivienda y quedaba en volver al día siguiente para revisar la instalación. En alguna ocasión llegó a realizar dos y tres visitas previas a las víctimas para asegurar la acción.
De esta forma, abordaba a las víctimas siempre en sus domicilios, cuando se encontraban solas, y las amenazaba de muerte a punta de cuchillo. También era frecuente que las atara y amordazara con sus propias prendas.